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El chico que quería "algo serio" y estaba de rebajas

Recuerdo una historia curiosa que me pasó hace tiempo y que me hace pensar que está claro que somos nosotros mismos los que nos complicamos la vida de una manera extrañamente exagerada, cuando las cosas suelen ser más sencillas y, sobre todo, lógicas.

Conocí una noche a un amigo de un amigo, conversación trivial y de dos minutos a lo sumo, incluída. Luego supe que yo le gustaba, pero "no era el momento". Pasaron varios meses en los que me lo encontré 3 o 4 veces. De esas 3 o 4 veces creo que sólo me saludó una de ellas. Ah, pues bien.

Al cabo del tiempo me empezó a bombardear a sms con motivos varios, desde "tienes Facebook" a "qué tal el verano". Yo no entendía nada, pero la cosa es que un día quedé con él a tomar algo. Al poco rato me di cuenta de que me estaba aburriendo en exceso, no había ni comunicación ni interés ni ganas por mi parte. Un desastre. De estas veces que te interesa más ver si la que acaba de entrar lleva las botas del Zara o del Springfield que tenía pensado comprarme.

También me di cuenta de que era una persona que no paraba de hablar de sí mismo y de las cosas que le pasaban. Ni siquiera me había preguntado dónde vivía. Vamos, del otro sabíamos el nombre y poco más.

Pues estupendo. Yo tampoco pretendía ser su amiga, ni me interesaba su persona lo más mínimo. Asíque me hayaba esperando el momento de decir claramente a dónde nos iban a llevar las horas y los bares, cuando el susodicho se me lanzó al cuello cual chacal.

- ¿Por qué me besas?
- Porque eres atractiva
- Ah, vale.

La la la.

Silencio.

- Voy al baño.

Empecé a sentirme bastante incómoda pues esa situación no me estaba gustando. A raíz del "ataque" comenzó a hablar de sus amigos, de su madre... Me fui a casa. No le di más importancia al asunto, puesto que no la tenía. A estas alturas de mi vida creía reconocer cuando dos personas tenían feeling o un mínimo de entendimiento. Pensé que él también puesto que me sobrepasaba unos 9 años.

Pasaron los días y las semanas. Él me hablaba por el MSN de trivialidades como películas, series, etc. En la misma línea. Bien, -todo ha pasado, Rosa-, pensé.

Nos encontramos al cabo de dos findes. Él estaba con amigos/amigas. Me los presentó. Una chica muy simpática se quedó hablando conmigo y me dijo:

- ¡Tenía ganas de conocerte!
- A mí? por qué?
- Ah, porque Fulanito nos ha hablado mucho de ti
- ¿Qué os ha dicho?
- No nada, pues que estaba con una chica

Mi cara debió de ser propia de un cuadro de Munch.


- Voy al baño.

Di la espantada a otro bar con la excusa de que estaba otro amigo por ahí. Pude huir a casa sin volver a encontrármelos. Durante esa semana, volvió a hablarme por el MSN, y comencé a percibir que realmente detrás de agunas cosas que me decía se podría esconder la posibilidad de que él pensara que éramos "algo". -¿Por un beso?, no hombre no... habrá sido un malentendido-. Ilusa.

Total, que lo volví a ver al finde siguiente. Y dado que no me lo quitaba de encima ni a sol ni a sombra, me vi en la obligación (tras un par de Vodkas bien cargados), de dejar las cosas claras (me sentí súper creída diciendo estas cosas tan obvias, pero en fin, al final tenía que haberlo dicho desde el principio) y de tener una de las conversaciones más subrrealistas de mi vida:

- Oye, mira, que te agradezco tu simpatía y demás, pero hay algo que me da a pensar, siento si me equivoco, que quieres algo conmigo, algo "serio", seguramente me equivoque pero vaya, quería dejarlo claro

- ¿Ocurre algo?

- Cómo que si ocurre algo, pues lo que te he dicho...

- Pero qué quieres decir...

Empezó a poner cara de compulgido al estilo "OH DIOS MÍO, OTRA VEZ UNA MUJER ME ROMPE EL CORAZÓN, PERRAS JUDÍAS"

- Pues que parece que quieres algo serio, que buscas una pareja, cosa estupenda, pero que obviamente ni soy yo, ni lo he sido ni lo seré, porque nosotros no tenemos nada

- Pues claro que quiero algo serio, yo tengo ya un edad, ¿no me ves?

- Oye, que a mí me da igual lo que tú quieras, y tu edad. Te hablo de lo que yo siento y veo, que supongo que requerirás saberlo para que no haya malos entendidos

Se va cabreando y aumentando el tono de voz, cosa que me crispa. Y alrededor los del bar hacían una conga. Lo que yo te diga, subrealista.

- Siempre estáis igual las tías. ¿Entonces si no quieres nada conmigo para qué quedas conmigo?

- Pues no sé, a veces quedo con chicos porque tengo apetencias sexuales que mi autosuficiencia no llega a satisfacer. Otras veces, quedo para pasar el rato. Depende.

- Pues conmigo no tienes nada que hacer, yo busco algo serio.

- ALGO serio? qué es ALGO, una cabra, un caballo...? Genial, la vida debería ser seria, y las relaciones humanas deberían tomarse en serio. ¿Pero no crees que en vez de buscar algo serio, primero deberías de conocer a diferentes personas, sentir, quizá enamorarte y después querer algo serio con aquella persona que crees que tiene algo que aportarte y que por supuesto te corresponde? Vamos, digo yo que es la secuencia lógica, porque de mí, qué sabes, ¿mi nombre y mi Messenger?

- Mira déjalo. Que lo he pillado. Sé cuando alguien dice "hasta aquí hemos llegado" (!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!).

Y se fue dando un portazo. Yo me quedo pensando si soy demasiado fría, si no entiendo a la gente o la entiendo demasiado. Por supuesto, quedé fatal con gente que a saber por qué nos veía como una "pareja" (de 3 noches, y sin sexo claro, eso debía ser después del matrimonio...). Y encima otros pensarán que tiene el honor de ser mi ex. Hay que joderse.

A veces me dicen que las cosas no salen bien porque no sé jugar a LAS REGLAS del juego. Sí, esas reglas que quizá están redactadas en manuales de bolsillo a 6 € que dirán cosas como "hazte la difícil" o "no exliques claramente tus intenciones", así conseguirás no un novio, sino un marido.

Reflexioné sobre ello en mi interior y la única respuesta fue: si a una persona le gusto y él me gusta no hubiese habido necesidad de llevar a cabo ni pensar regla alguna, ni estrategias ni comportamientos, ni "esta chica hace esto porque quiere esto". Por la simple razón de que las reglas que uno se autoimpone se moldean al crecer, a partir de las experiencias, de los aciertos y, mucho más, de los errores. Y por último, las reglas están para romperse. Aunque arriesgado, ahí está lo divertido.

Supongo que habrá más en el mundo (o no :P), pero por suerte sé que al menos sí que hay alguien en este mundo con el que no he necesitado callarme nada que pienso, y oye, da la casualidad de que nos hemos encontrado. Vivir con alguien con quien no tienes necesidad de hacer ni decir nada por compromiso y ante quien no tienes que callarte las cosas ni decirlas de este modo o de este otro para no discutir... es un lujazo. En el fondo, sé que tengo mucha suerte.

Ciao :)

Desde fuera del rebaño, y con miedo a los automátas



Perdón por la tardanza en escribir y por la ausencia continuada en vuestros blogs, por el mundo virtual y por el mundo físico (si perteneces a él y lees esto, no he muerto [aunque no hayas hecho mucho por saberlo:)]). I love you all XD

Ahora resulta que, como me gusta ir a contracorriente, tengo dos trabajos, en distritos diferentes y con miles de demandas distintas. Vamos, todo un estrés.

Y tengo miedo, la verdad. Estoy acojonada cuando vislumbro que así puede ser mi vida y mi futuro. ¿De qué tengo miedo? Pues fácil. Tengo miedo de acomodarme a una rutina impuesta por lo que yo me he automarcado. De ser una triste "hormiguita" más entre los cientos de personas que corren, literalmente y sin necesidad, cada día para coger el metro, empujar y sentarse los primeros. De ser como aquella treinteañera que va cada día con el "tupper" lleno de mierda que le marca comer la dieta del Naturhouse y que por las noches antes de acostarse debe echarse la hidratante y la anticelulitis. De levantarte cada día cansada y sin ganas, desayunar lo mismo a la misma hora, coger el mismo autobús, donde se suben esa panda de chavales malcriados que tiran cosas al suelo o aquella señora que viene del mercadillo cargada de naranjas desde hace 20 años.

Y no, por suerte o por desgracia, no he tenido elección. Necesito el dinero para vivir, como lo he necesitado toda mi vida. Creo que cualquier oportunidad es buena y se debe aprovechar. Pero a veces me pregunto que a qué precio. Reconozco haber pasado buena parte de mi vida viviendo para trabajar, en vez de trabajando para vivir, y viendo el dinero casi como un fin más que como un medio.

Primero quería pagarme la carrera, luego el coche... y así se fueron pasando los años, pensando que llegaría el momento de disfrutar un poco de la vida, y no, ahora los días son grises, lluviosos, y no sólo en el exterior.

Y mientras tu trabajas y llegas a casa a veces medio llorando, ves como otras personas se pasan la vida planeando conciertos, viajes y proyectos varios aún estando en el paro, puesto que tienen unos estupendos padres que les costean todos sus caprichos. Y la envidia sana a veces pasa al odio más profundo.

Sí, quizá culpa mía en parte, pero el tomar decisiones según tus prioridades tiene unas consecuencias, y creo que yo las estoy empezando a pagar, puesto que mi mente me está mandando ciertas señales de un "basta" sutil.

Pero bueno, analizada la cuestión, y sabiendo que en estos momentos por cuestiones que no vienen al caso, estoy atada de pies y manos y no tengo más remedio que currar y currar, me he propuesto sin conseguirlo hacer del día a día horas con pequeños detalles que me permitan alejarme de esa muchedumbre gris que se cruza conmigo cada mañana.

Tengo la música, tengo los libros. Varios días a la semana voy a comer a un lugar diferente. Pero claro, la gente te mira raro porque no entiende que hace un portento de mujer como yo sola en la barra de un bar, jeje. No me gusta comer con las compañeras, hablan de novios, maridos, hijos, y yo no sé qué decir. Pero si te ausentas o prefieres hacer las cosas solas, eres rara y antipática.

Total, que el miedo se resume a ser víctima de ese "determinismo social", que te hace dejarte llevar por la corriente de la rutina que supuestamente te permite sobrevivir. Y pasa el tiempo, y es probable que dejes de disfrutar tanto de las cosas que te hacían vibrar, como la música al máximo volumen, salir hasta las 7 de la mañana o escribir un blog :)


Lo peor de todo esto es observar como cuando ya no puedes ser la compañera ideal de fiestas y de juergas, la amante de las noches de verano (jajaja), y aguantar hasta las mil porque tienes otras prioridades y proyectos, y no sirve que puedas dedicar un rato de la tarde a los amigos, o un día concreto, etc etc pasas a ser menos que un cero a la izquierda. Pero bueno, como yo lo de mover el culo por la gente que no se lo merece no es que sea un afición, precisamente, pues nada, a verlas pasar. Yo estaré la mayor parte de mi tiempo sola, físicamente, pero al menos soy consciente de mi soledad, la admito y la tolero.

Os digo una cosa...

Quizás porque siempre he sido una individualista, quizás, porque extrañada y compasiva miro los individuos convertidos en masa, que pasan a mi lado. Quizás porque nunca podré formar parte de ellos, hoy critico la falta de individualismo.
Rebaños de personajes, que hacen desaparecer a la persona en cuestión, en contacto con la muchedumbre, que parece defender al individuo al diluir su responsabilidad personal entre mil cabezas, o al convertir su pecado, su error en un pecado y en un error anónimo.

Por esta razón se busca al grupo de compañeros que piensen como autómatas, que igualen nuestros pensamientos, que calmen así nuestras cobardías. Anestesiamos nuestra conciencia mediante la decisión ajena, que se torna conjunta (la opinión si es mayoría es imperiosa).

Pero después, en la soledad de la noche, acompañados tan solo por si mismos, sentirán la íntima punzada de la soledad, del vacío, comprenderán que delegando su personalidad a la masa, tan sólo conllevará hacerlo, una miserable compensación de la ausencia de ese amor hacía si mismos con el que tantas veces sueñan y no logran alcanzar..

Lo siento por vosotros, rebañito, ciao.

Es difícil tratar con las personas

Es difícil tratar con las personas. O al menos a mí me lo parece. Tampoco creo que sea fácil tratar conmigo, aunque yo intento, salvo razones de peso que lo desaconsejen (veáse un emo, un hippi, un fan de Manowar o un vendedor de la Fnac), facilitar las conversaciones y las interacciones diarias, sobre todo si éstas son obligatorias (que en la mayoría de los casos lo son; sino, todo sería más sencillo).

En el bello y progresivo arte de autoanalizarse a una misma, descubro cosas en mi forma de ser que tampoco tienen una coherencia y explicación racionales. Aunque a fin de cuentas, qué muermo aquél o aquella que no tenga fallos y piezas en su puzzle vital que no encajen.

La vida y las circuntancias te obligan a un constante cambio de máscaras, de roles, a una adaptación cíclica a situaciones que en tu fuero interno no deseas otra cosa que evitar. Enfrentarte a ello te va enseñando. Aprendes a tener más paciencia, más asertividad y/o más empatía con las personas que así lo requieren.

Trámites, papeleo, reuniones, el trabajo diario, las amistades, la familia... me encuentro extasiada de tanta socialización últimamente. A veces, te juntas con gente y en circunstancias que te lo ponen todo muy fácil (cuando la superficilidad reina): un fin de semana, una noche de rock'n roll, una cena, una visita, una charla informal, etc. En ese punto concreto podría sentirme la persona más integrada en mi red social del mundo. Otras veces, cuando tratas con desconocidos, con funcionarios frustrados, con comunistas que ya no follan (he tenido problemas con los sindicalistas, sin acritud), con jefas y compañeras menopáusicas, con gente que prefiere la hipocresía a la sinceridad.... Todo se vuelve oscuro. Y la misma persona, yo, que en aquellas primeras situaciones reía, asimilaba, transformaba y percibía todo a favor, se vuelve insignificante, débil, muda y disgustada. Me cuesta demasiado discutir, asumir fallos, asumir malos modos o el malestar ajeno. Y sé que en la mayoría de los casos debería importarme bien poco, pero no es así.

Y en el día a día doy importancia a situaciones y detalles que creo que para la mayoría pasan desapercibidos. A veces me siento un poco inadaptada y antisocial, sí.

Cuando por las mañanas sales de casa, cansada y ojerosa, y te topas con un vecino en el ascensor, hay dos opciones: saludar o no saludar. Si no se saluda, serás tachada de antipática y antisocial; si saludas, corres el riesgo de tener que hablar del tiempo durante esos interminables segundos. Lo peor de todo es que hay personas que dominan a la perfección estas microconversaciones y, encima, las buscan y disfrutan. Espero no ser la única que a veces ralentiza su paso cuando ve que acaba de entrar un vecino en el portal, o que se da prisa en cerrar la puerta del ascensor cual Alien Vs Predator, cuando ve que alguien está ya abriendo la puerta principal. Confesar y hacerme sentir mejor persona, gracias.

Libre del vecino microconversador, subimos al autobús/metro y ... ¡¡¡Oh Dios Mío, por qué me has abanadonado????!!!, divisamos entre el "público" a un conocido al que hace años que no vemos. Lo más probable es que te encuentres con alguien a quien no tienes ni putas ganas de ver, eso es una ley invariable en mi vida. Tengo mucha suerte. También hay dos opciones: pasar de largo mirando fijamente al infinito simulando estar despistados o mostrar nuestra mejor y más forzada sonrisa. Tras un "¡¡hombreee, cuánto tiempo, qué tal estás, qué es de tu vida??!!", la noche oscura invade nuestro cerebro: no hay escapatoria. El trayecto dura 30 minutos y nuestro querido acompañante se baja en la última parada. Qué casualidad, qué bien :) El sudor invade nuestra tez y difícil se hace articular más de dos palabras seguidas. Resumir cambios en tu vida durante los últimos años en una microconversación circunstancial y forzada a alguien a quien no le importa, difícil. Suerte es si nuestro amigo es de naturaleza habladora, pasaremos a ser un "homo monosilábicus". Yo lo prefiero así, que conste. "Ah, sí, vale..." y como mucho "ah, qué bien".

Al bajar quedamos en vernos un día de éstos.

Que te den.

Dos días después te invitan a una cena en casa de unos amigos. Qué bien - pienso, ilusa -. Mi gozo se cae en un pozo mohoso cuando llego y me doy cuenta de que no conozco prácticamente a nadie. Las dos opciones son: hacerme rápido con el ron o un barril de cerveza y esperar que Baco me inspire (suelo optar por ello), o pasar por la tortura mayor que una inadaptada y antisocial circunstancial como yo pueda imaginarse: saludar, sonreír como una gilipollas y pensar por qué somos incapaces de decir lo que todo el mundo espera que digamos en esas ocasiones, como por ejemplo "jo qué bien se está / qué ambiente / ¿no nos conocemos de algo? ".

A veces hay suerte y algún incontinente verbal nos coje por banda y se tira hablándonos de su apasionante mundo laboral durante 40 minutos. Y tú con torticulis de asentir y con dolor facial de tanto sonreir y abrir los ojos en expresión de sorpresa y supuesto agrado, acabas farfullando cosas como "No me digas... qué interesante". Pero para nuestro sorpresa, nos interrumpe al cabo de palabra y media y nos refiere una graciosísima anécdota que le sucedió cuando fue a practicar paint-ball con los compañeros de su oficina. No todo iban a ser ventajas... Al final, llegas a casa super borracha y temiendo que te inviten a una barbacoa un fin de semana de éstos... Lo mejor será actualizar tu listado de excusas.

Vale, nosotros, antisociales e inadaptados, reconocemos que somos bichos raros, ok. Pero hacemos una labor social que no se nos reconoce: nadie escuchar mejor que nosotros. Somos el paño de lágrimas de los pelmas verborreicos que nadie más aguanta. También hemos desarrollado capacidades ultrasensoriales que los demás ni sospechan: somos capaces de detectar la presencia de un conocido a cientos de metros de distancia, podemos subir por las escaleras de forma natural aunque vivamos en el décimo piso y sacamos el móvil del bolsillo más rápido que Billy el Niño cuando la sombra de algún pariente lejano se acerca amenazante por la desierta calle.

Coño, me acabo de dar cuenta de que soy imprescindible para esta sociedad. Paradójico.