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Es difícil tratar con las personas

Es difícil tratar con las personas. O al menos a mí me lo parece. Tampoco creo que sea fácil tratar conmigo, aunque yo intento, salvo razones de peso que lo desaconsejen (veáse un emo, un hippi, un fan de Manowar o un vendedor de la Fnac), facilitar las conversaciones y las interacciones diarias, sobre todo si éstas son obligatorias (que en la mayoría de los casos lo son; sino, todo sería más sencillo).

En el bello y progresivo arte de autoanalizarse a una misma, descubro cosas en mi forma de ser que tampoco tienen una coherencia y explicación racionales. Aunque a fin de cuentas, qué muermo aquél o aquella que no tenga fallos y piezas en su puzzle vital que no encajen.

La vida y las circuntancias te obligan a un constante cambio de máscaras, de roles, a una adaptación cíclica a situaciones que en tu fuero interno no deseas otra cosa que evitar. Enfrentarte a ello te va enseñando. Aprendes a tener más paciencia, más asertividad y/o más empatía con las personas que así lo requieren.

Trámites, papeleo, reuniones, el trabajo diario, las amistades, la familia... me encuentro extasiada de tanta socialización últimamente. A veces, te juntas con gente y en circunstancias que te lo ponen todo muy fácil (cuando la superficilidad reina): un fin de semana, una noche de rock'n roll, una cena, una visita, una charla informal, etc. En ese punto concreto podría sentirme la persona más integrada en mi red social del mundo. Otras veces, cuando tratas con desconocidos, con funcionarios frustrados, con comunistas que ya no follan (he tenido problemas con los sindicalistas, sin acritud), con jefas y compañeras menopáusicas, con gente que prefiere la hipocresía a la sinceridad.... Todo se vuelve oscuro. Y la misma persona, yo, que en aquellas primeras situaciones reía, asimilaba, transformaba y percibía todo a favor, se vuelve insignificante, débil, muda y disgustada. Me cuesta demasiado discutir, asumir fallos, asumir malos modos o el malestar ajeno. Y sé que en la mayoría de los casos debería importarme bien poco, pero no es así.

Y en el día a día doy importancia a situaciones y detalles que creo que para la mayoría pasan desapercibidos. A veces me siento un poco inadaptada y antisocial, sí.

Cuando por las mañanas sales de casa, cansada y ojerosa, y te topas con un vecino en el ascensor, hay dos opciones: saludar o no saludar. Si no se saluda, serás tachada de antipática y antisocial; si saludas, corres el riesgo de tener que hablar del tiempo durante esos interminables segundos. Lo peor de todo es que hay personas que dominan a la perfección estas microconversaciones y, encima, las buscan y disfrutan. Espero no ser la única que a veces ralentiza su paso cuando ve que acaba de entrar un vecino en el portal, o que se da prisa en cerrar la puerta del ascensor cual Alien Vs Predator, cuando ve que alguien está ya abriendo la puerta principal. Confesar y hacerme sentir mejor persona, gracias.

Libre del vecino microconversador, subimos al autobús/metro y ... ¡¡¡Oh Dios Mío, por qué me has abanadonado????!!!, divisamos entre el "público" a un conocido al que hace años que no vemos. Lo más probable es que te encuentres con alguien a quien no tienes ni putas ganas de ver, eso es una ley invariable en mi vida. Tengo mucha suerte. También hay dos opciones: pasar de largo mirando fijamente al infinito simulando estar despistados o mostrar nuestra mejor y más forzada sonrisa. Tras un "¡¡hombreee, cuánto tiempo, qué tal estás, qué es de tu vida??!!", la noche oscura invade nuestro cerebro: no hay escapatoria. El trayecto dura 30 minutos y nuestro querido acompañante se baja en la última parada. Qué casualidad, qué bien :) El sudor invade nuestra tez y difícil se hace articular más de dos palabras seguidas. Resumir cambios en tu vida durante los últimos años en una microconversación circunstancial y forzada a alguien a quien no le importa, difícil. Suerte es si nuestro amigo es de naturaleza habladora, pasaremos a ser un "homo monosilábicus". Yo lo prefiero así, que conste. "Ah, sí, vale..." y como mucho "ah, qué bien".

Al bajar quedamos en vernos un día de éstos.

Que te den.

Dos días después te invitan a una cena en casa de unos amigos. Qué bien - pienso, ilusa -. Mi gozo se cae en un pozo mohoso cuando llego y me doy cuenta de que no conozco prácticamente a nadie. Las dos opciones son: hacerme rápido con el ron o un barril de cerveza y esperar que Baco me inspire (suelo optar por ello), o pasar por la tortura mayor que una inadaptada y antisocial circunstancial como yo pueda imaginarse: saludar, sonreír como una gilipollas y pensar por qué somos incapaces de decir lo que todo el mundo espera que digamos en esas ocasiones, como por ejemplo "jo qué bien se está / qué ambiente / ¿no nos conocemos de algo? ".

A veces hay suerte y algún incontinente verbal nos coje por banda y se tira hablándonos de su apasionante mundo laboral durante 40 minutos. Y tú con torticulis de asentir y con dolor facial de tanto sonreir y abrir los ojos en expresión de sorpresa y supuesto agrado, acabas farfullando cosas como "No me digas... qué interesante". Pero para nuestro sorpresa, nos interrumpe al cabo de palabra y media y nos refiere una graciosísima anécdota que le sucedió cuando fue a practicar paint-ball con los compañeros de su oficina. No todo iban a ser ventajas... Al final, llegas a casa super borracha y temiendo que te inviten a una barbacoa un fin de semana de éstos... Lo mejor será actualizar tu listado de excusas.

Vale, nosotros, antisociales e inadaptados, reconocemos que somos bichos raros, ok. Pero hacemos una labor social que no se nos reconoce: nadie escuchar mejor que nosotros. Somos el paño de lágrimas de los pelmas verborreicos que nadie más aguanta. También hemos desarrollado capacidades ultrasensoriales que los demás ni sospechan: somos capaces de detectar la presencia de un conocido a cientos de metros de distancia, podemos subir por las escaleras de forma natural aunque vivamos en el décimo piso y sacamos el móvil del bolsillo más rápido que Billy el Niño cuando la sombra de algún pariente lejano se acerca amenazante por la desierta calle.

Coño, me acabo de dar cuenta de que soy imprescindible para esta sociedad. Paradójico.

28 Retales:

silvo dijo...

Jajaja esta entrada me encanta, describes muy bien las situaciones y lo que te hacen sentir,además si hay especialistas en el tiempo jaja, pelmazos, situaciones incómodas y demás ¿pero aguantas una paliza de 40 minutos que puede acabar en un collarín?, se intenta ser natural pero qué difícil lo ponen jaja, besos Maybellene

Orbita_cementerio dijo...

Jejeje, me ha gustado mucho este nuevo tema. Lo confieso, yo soy de las que si oigo la puerta de mi portal me espero a que el vecino entre en su casa (total, somos 4 vecinos y se oye perfectamente, no hay ascensor), y si escucho que la vecina chismosa de al lado está a punto de salir a sus clase de pintura de las 5 de la tarde, me espero a que se vaya, aunque llegue tarde, me da lo mismo, con tal de no encontrármela... es lo más parecido a una urraca que he visto jamás, tanto fisica como personalmente.

Lo del metro también es una jodienda, pero mas jodienda es que te encuentres a alguien que no quieres ver en un viaje de 4 horas...Yo opto por saludar y decir que mi sitio está atrás del todo (aunque luego venga una vieja y me eche porque diga que ese es su sitio, como si no hubiera sitio en el resto del bus señoraaaaaaaaa!!!!!!!!)

La próxima vez que te inviten a una cena en una casa, aseguraté de que va por lo menos otro conocido tuyo, porque si no, acabarás hasta con el agua de los floreros.

El último encontronazo que he tenido similar a lo que relatas me pasó hace poco en el congreso de Andrología de Sevilla. Como no, allí estaba el capullo pijo lameculos que siempre ha estado compitiendo conmigo para que el profesor que le lleva la tesis le eligiera a el en vez de a mi. Yo lo siento, pero no pienso lamer culos por un puesto. Así estoy ahora, en el puto paro.
Asi que lo vi y le giré la cara. Con todo mi morro. Payaso.

Casi te escribo un testamento, perdona jajajaja, besitos!!!

Ender Muab'Dib dijo...

Hostias, acabas de resumir perfectamente el aburrido mundo de las relaciones sociales. Tener que hablar con viejos conocidos o gente de la que no sabes nada es una maldita pérdida de tiempo, además de cansado. ¿De qué coño hablas?

Yo soy malísimo sacando temas de conversación en estas situaciones, eso sí, si me lo sacan no tengo problema en hablar.

Las conversaciones del tiempo en el ascensor... a mí me hacen muchísima gracia. De hecho ha llegado un punto en el que cuando subo con personas mayores lo fuerzo si no lo sacan ellas.

Alguien decía que nuestro cerebro está preparado para vivir en la selva saltando de un árbol a otro, y que todas estas convenciones sociales son realmente lo que más nos cuesta realizar.

A.Javier López Ibañez dijo...

Buenísimo articulo Maybellene,real como la vida misma...

Jimmy dijo...

Excelente May, buenísimo el post.
Entre nos, yo ya elegí hace rato el sincericidio, molesta pero no "me molesta"...joder! me lo ahorro en psicos...
Un beso

Toni Balaguer dijo...

Ya lo creo que eres imprescindible :-D

En verano, por cosa laboral, tengo muuuuchas conversaciones trascendentales sobre el tiempo, agricultura y tal.
Un modo de hacerlas más entretenidas es ponerse a desvariar, o decir supuestas predicciones meteorológicas opuestas a las reales. Decir cosas que la otra parte ni espera ni comprende vamos. Lo divertido es ver sus caras y reacciones. Además, como piensan que estás como una cabra, al poco tiempo son ellos los que huyen de ti, así que problema solucionado, ala.

Y contigo es muy fácil tratar. Contigo es muy fácil todo (buitres, sacaros el sexo del cerebro por un momento jeje). Y aquella gente que provoca que todo se vuelva oscuro, pues oye... siempre que se esté en posición de ello, a darles su merecido. Personas así no merecen ni pizca de respeto, y mucho menos que tú te vayas a sentir mal,

mariete dijo...

Yo también me he sentido antisocial taaaaaaaaantas veces... ¿Y todo por qué? Pues por hacer lo que toooooooodo el mundo hacemos aunque nos cueste reconocerlo: ir a nuestra bola. También he utilizado el truco del movil, el rapido desvío de mirada, el hola que tengo prisa, el esperar tras la puerta de mi casa a que baje las escaleras el pelmazo del vecino de al lado para salir yo... Y fijate que creo que precisamente por todos esos pequeños detalles antisociales el mundo sigue girando y no acabamos tod@s loc@s. Un besazo y deseandito estoy de que llegue el vierness!!

Cesc dijo...

Cuando mi vecino que apenas se cómo se llama después de cuatro años toca el timbre para pedirme dos huevos y yo voy y les abro la puerta en pelotas... soy antisocial??

Dra. M dijo...

Jajaja... me ha gustado mucho tu entrada.
Hace tiempo me habría sentido identificada... Pero ahora ya no:-p
El mundo es demasiado bonito como para desperdiciar el tiempo comiéndonos el tarro con las "microrelaciones".
Al último conocidillo me lo encontré esta mañana. Yo siempre saludo, me gusta saludar, y sonreír. Creo que es algo positivo :p

Pero a los 5 minutos... Buff qué pena... estoy leyendo un libro taan interesantee!

Salud:p

Wicked dijo...

Hola! Es genial el post.

No sé si te servirá de algo, pero no eres la única...el "educado cinismo" lo tengo bastante cultivado, pero lo he aprendido a base de conversaciones estúpidas y/o incómodas y/o frustrantes. Poco puedo añadir a lo que has dicho, la verdad.

¿Qué me dices de esos días, en los que, asqueada de estar en casa y ser antisocial, te decides a salir con gente que no conoces de nada porque te dices a ti misma que tienes que dar una oportunidad al mundo de demostrarte que no todo el mundo es igual? Pues sí, pues sí, yo lo he intentado un par de veces, y aunque reconozco que en alguna ocasión ha salido bien, en otras...debo decir, que bostecé más que un niño de 10 años leyendo la Regenta. Madre mía lo que hay por ahí suelto!

Reconozco que yo tampoco soy fácil de tratar, que seguramente la gente que me conoce pensará que la que tiene el problema soy yo, pero y digo yo, coño! no hay gente como yo?

Ya veo que sí ;)

Petardy dijo...

Pues yo acabo de darme cuenta que soy bipolar. A lo largo de mi vida y dependiendo de las circunstancias (lugar, compañía, ánimo) o soy de las que acaparan las conversaciones o, por el contrario, me vuelvo mera espectadora del momento. En cualquiera de ambos casos, ¿también soy útil para la sociedad, verdad? Genial tu reflexión. Un abrazo gigante desde Petardylandia.

Nesta dijo...

Para tu alivio, yo también voy esquivando a la gente cual detective, procurando no cruzarme con nadie que conozca que quiera mantener una conversación trivial sobre lo que está lloviendo últimamente. Pero creo que es más un Desorden de Personalidad de Evasión.

VERÓNICA MARSÁ dijo...

Hola, saludos!
Pues yo ya he roto esa seguidilla... No aguanto que me den la lata sobre ningún tema que no me interesa: que tienes problemas con tu pareja, con el dinero, trabajo, coche, madre o padre o quien sea? Pues lo solventas. Que quieres venderme algo? No compro nada. Que te duele algo? Ve al médico.
Mira, últimamente acabo pronto.
Cada uno tiene sus días.

besitos.

MidnightSong dijo...

Je ... me siento igual que tú.

Todas esas situaciones que has comentado son tan ... agobiantes. No por una vez, ni dos, sino porque se repiten constantemente. Y no es que yo me considere una persona antisocial ni nada de eso, simplemente ... no me gusta hablar cuando no tengo nada que decir.

Ojalá tuviera más amigos que supieran entender y sentirse cómodos con mis silencios. Admiro a la gente que puede hablar de prácticamente todo. Me resulta imposible ser así. Y a veces puede dar la sensación de bordería cuando en realidad lo que intento es no meter la pata con temas que no entiendo, por ejemplo.

Tengo a medias un post que quería publicar que va un poco en este sentido. Supongo que lo publicaré en breve y ya me dirás.

Un besote, guapa.

PD: ¿Realmente somos nosotros los inadaptados? No acabo de creermelo.

Mica dijo...

Me pasa como a Petardy, soy bipolar. Hay momentos en mi vida, que me parezco a una autista y en otros, me tienen que tapar la boca.
Lo de los vecinos genial, y quien no haya hecho eso alguna vez en su vida, miente.Muchas veces no es por no hablar, sino porque huelen que apestan, o les tienes tirria o cualquier otra excusa.
Muy bueno tu post.

acoolgirl dijo...

Jajajaja!!!

La verdad es que nunca me he considerado antisocial pero, poco a poco, me lo estoy planteando... parece una buena opción de vida, en serio!!

Pero si, lo reconozco, más de una vez he hecho esas pequeñas cosas como girar de calle en la primera esquina en cuanto he visto a alguien venir o ponerme a buscar algo inexistente en el bolso y mirando hacia la pared.

Un besitooo

hatoros dijo...

¡BANG!
DE LLENO AL BLANCO
¿SERÁ POSIBLE QUE ME PASE LO MISMO?
BESOSABRAZAOS

Robert Parr dijo...

No entiendo, May ¿por qué llamas anti-social a ser así? Ser anti social sería mandar a tomar por el culo al ex-compañero de instituto del autobus o sonreirle al vecino mientras se cierra la puerta del ascensor en sus narices.
Lo que tu haces es intentar ser agradable ante una situación incómoda.
Un secreto: seguramente tanto tu vecino como tu compañero de autobus estén tan poco entusiasmados en compartir nimiedades como tú, pero, como tú, prefiern hacerlo a ser comparado con House. "Una conversación estúpida es mejor que un silencio incómodo" es un pensamiento compartido tanto por víctimas como por verdugos.
Por cierto (algún dia publicaré una entrada sobre ello, pero) ignorar a tus conocidos en el transporte público para, espontaneamente y justo antes de la última parada, despertar de tu trance con un "Uy, hola, ¿cuando has subido? ni te había visto..." es una pandemia que deja la gripe A a la altura de faringitis veraniega.

Ismael Díaz dijo...

Yo también corro al ascensor y cierro la puerta corriendo mientras pulso mil veces/segundo el botón del tercer piso para que se cierren las puertas lo antes posible. No hay peor situación que esos 17 segundos de silencio/conversación inútil con alguien que solo conoces del hola y adiós de por la mañana (y a veces ni eso).

Aunque peor es cuando la vecina/o te conoce desde que llevabas pañales, porque entonces te preguntara que tal vas con tu instituto (aunque tuvieses 35 años y tres hijos... ¬¬) y está claro que en 17 segundos es imposible responder algo más que "bien"... al final en los 10 segundos restantes o se hablará del calor/frió/lluvia de ese día o le informas del pequeño detalle de que dejaste el instituto hace 3 años o sino se estará en silencio y deseando que se abran las puertas de una puta vez. También podría preguntarle que tal le va a ella, pero para la respuesta que me va a poder dar en los 6 segundos restantes pues prefiero no preguntar.. además, sinceramente, es que no me importa demasiado.

Mierda...

iré aceptando que soy otro jodido ser de naturaleza antisocial, aunque en el fondo ya lo sabia...

Gracias (supongo...) por tu post, quizás ahora en vez de intentar ser más social, lo que haga sea aceptar mi anti-sociabilidad.

Ciao

Maybellene dijo...

Pues sí Robert, visto así tienes toda la razón del mundo. De hecho, probablemente lo que más odie de mi carácter es que soy excesivamente complaciente, educada y sensible ante ciertos impertinentes. Pero así es una. Sí tengo mi punto antisocial, quizá más grande que el de otras personas que conozco, pero por otras situaciones.

Besos y saludos a todos/as!!!

Gabiprog dijo...

Hace mucho deje de preocuparme ante esos encuentros, al principio reconozco que me gustaba mirar a ‘ese infinito’, ahora, con el tiempo me siento bien saludando, pero lo justo, no prometo citas ni cafés, la vida cambia de perspectivas para todos, incluso sin ser conscientes de ello. Simplemente me dejo llevar por la situación, una situación que posiblemente olvidaré en diez minutos. Me gusta leerte porque me comparo (lo sé, es un mal verbo) contigo en esas circunstancias y como actuaba o no actuaba yo entonces.

Un abrazo!

little caesar dijo...

Joder, claro que ralentizo el paso para no hablar con el vecino.
El individualismo es una opción muy válida.

Frase a remarcar: "comunistas que ya no follan (he tenido problemas con los sindicalistas, sin acritud)", ja ja ja ja ja ja.

Robert Parr dijo...

Mmm... ahora ya no se si me das la razón porque te he hecho ver las cosas desde otro punto de visto o por tu naturaleza complaciente. Bueno, que mas da: "Querido diario, hoy una mujer me ha dado la razón!!... Y no he tenido que casarme con ella ni nada"

ulises dijo...

No se como lo haces pero te superas en cada entrada. Me ha gustado eso de los expertos en microconversaciones de ascensor. Hay gente que se piensa que el hecho de ser vecinos nos hace iguales a unos y a otros y eso es una mentira como una casa. Me encanta mi individualidad y ser un cascarrabias que no aguante a mucha gente también he de decir que de cara al patio pongo buena cara.
Sigue siendo tú misma y a los demás que les den. Empatía significa comprender las situaciones de los demás pero no hacerlas tuyas.
eso que cuentas de las fiestas sin amigos comunes pasa también en las bodas y es un coñazo.

Casiana dijo...

Llego hasta aquí desde el blog de Nesta. Solo leer tu perfil ya me quedé agradablemente sorprendida de que al menos una sola persona en el mundo abomine del estúpido lenguaje políticamente correcto que nos domina y ponga los puntos sobre las íes sin cortarse ni tampoco alardear de ello.

He leído los últimos cuatro posts, y confirmé mi primera impresión. Este último me ha tocado la fibra sensible porque yo también soy muy antisocial, sobre todo cuando la reunión o evento es más o menos obligado o de compromiso. Como me pasó con tu perfil, iba leyendo cosas con las que me sentía totalmente identificada.

Tienes toda la razón del mundo, tratar con personas es difícil, básicamente porque no nos lo ponemos fácil. Y también es cierto que los antisociales somos útiles al mundo, con alguien se tienen que explayar los insoportables verborreicos. Dímelo a mí, que no se cómo lo consigo pero en cada reunión multitudinaria que se precie (La última vez en la cena navideña de mi empresa) acabo haciendo de psicoterapeuta amateur del tío/a más tarado/a, loco/a o desequilibrado/a de todos los presentes...

Lila Biscia es Lilus bla bla dijo...

A esto queria llegar con lo de san valentín.
Besos, bella.

http://juguemosenelbosquemientras.blogspot.com/2010/02/fucking-san-valentin-entrega-final.html

Delgaducho dijo...

Despues del no me rayes (ó no me ralles, no recuerdo, cualquiera de las dos acepciones es correcta) no me atrevia a volver a comentar...
Me he identificado terriblemente con tu entrada y además me has quitado un gran peso de encima, pensé que solo yo hacia esas cosas y estaba muy preocupado...
Creo que se trata basicamente de una no aceptación de la hipocresia social impuesta.
Se nota que eres de letras...

Lupiáñez dijo...

Pues a mí lo que más me revienta es tener que dar dos besos a una chica cuando saludas. No me entiendas mal. Me gusta darle beses a las chicas, pero si eso implica ir más allá en un plano carnal. Dar dos besos a chicas o mujeres con las que ni por asomo quieres o puedes tener sexo me produce una pereza tremenda. Supongo que al revés también pasará.
Y ya, cuándo me presentan de golpe cinco o sies chicas... es apra suicidarse por la tercera.

En fin, que me ha gustado tu post.

un saludo