Etiquetas

Hasta pronto. Nos vemos en la vida...


Pues sí. Hasta aquí ha llegado Retales Sueltos. Querría ser breve, porque no me gustan las despedidas y porque en el fondo me ha costado mucho tomar la decisión definitiva.

Desde que comencé a escribir el presente blog, siempre, muchos de vosotros, me habéis preguntado qué había de verdad y qué de mentira en "Maybellene" y en sus palabras, cual personaje literario.

La historia es simple. Me considero una persona sencilla, una chica de mi tiempo, que trabaja, que estudia, que vive. Una persona que quizá, por experiencias vividas y por cierta tendencia innata a la reflexión, no opta por el camino fácil y aboga por la introspección y el trabajo interior e individualismo social y selectivo (como yo lo llamo), antes que por la vulgaridad y simplicidad de los cánones impuestos.

Esto hace que una a veces no encuentre con quien compartir ideas, delirios, anécdotas e historias, y que, como en este caso, haya optado por a veces narrar, a veces exagerar y a veces inventar historias que llenan su día a día real o imaginario.

Ha habido momentos para reir, para pensar, para todo. Gracias a todos los que habéis dejado vuestra huella por aquí. Nunca he pretendido aparentar ser más que nadie, ni ofender, ni imponer ideas. Sólo buscaba un lugar donde albergar parte de mis sentimientos, donde encontrar una ventana para abrirme a ese mundo exterior, a veces difícil, lleno de una felicidad falsa y poco sólida; y donde gritar: "eh, gente, que las cosas son como tú quieres que sean!, tú decides! borra lo aprendido y reconstruye tu mundo!

Me gusta pensar que hay gente que realmente fabrica sus propias leyes y toma con ellas las riendas de su vida. Creo que son pocos los que han entendido lo que yo he tratado de transmitir a lo largo de estas líneas en este año y pico.

Ey, que he dicho que no me iba a alargar, pero ya me conoceis.

Ya concretando, para finalizar. No vivo en un eterno "Sexo en Nueva York". No lo necesito para saber cómo son muchas personas y lo qué puedo esperar de ellas. Nunca he buscado una relación seria, porque pienso que eso no se busca, viene, se desarrolla y se vive. Nunca he catalogado a las personas en un rol de "amigo" o "novio", con sus sub-características intrínsecas y estandarizadas; nunca me ha gustado demasiado salir por la noche, puesto que pienso que los bares se llenan de gente que finje ser feliz y que a la mínima de cambio (= bebo y pierdo mi autocontrol emocional), le da el bajón y se pone a llorar.

Comencé a escribir el blog por encontrarme muy desencantada con el mundo de las relaciones en general. Conocí a personas no importantes que me hicieron ver, quizá inconscientemente que, para poder llenar tu alrededor de relaciones sólidas y sinceras, primero debes saber convivir contigo mismo, conocerte y analizarte para rellenar tus pensamientos y palabras de sentido y corazón, y poder así conocer a los demás, sentir por los demás y seleccionarlos para ti. Y no harán falta estrategias de ningún tipo, ni obligaciones, ni imposiciones. Porque tú no tendrás miedo al vacío y a la soledad temporales. Porque cuando compartes un tiempo y un espacio será porque así lo deseas. Sabrás también que las relaciones humanas se rigen por intereses, y nada te hundirá.

Si no es así, el miedo y la inseguridad te llevará a no ser más que un pececillo descolorido en un mar gris de personas que no buscan más que compañía, se llame como ésta se llame. Y si pasa alguien especial cerca de ti, no tendrás nada que aportar especial para retenerlo.

En definitiva, el inicio del blog supuso esta etapa para mí. Una etapa de cambio y de crecimiento interno, que he intentado en la medida de lo posible.

Esta etapa se cierra. He superado fases de depresión y ansiedad, de hastío y de mal humor. Ahora me enfrento mejor a los problemas, y aunque a veces te sientes sin salida, no tengo ganas de rendirme. Hace tanto tiempo que no lloro, ni me siento sola... :) Tengo quizá menos amistades, pero unas compañeras de trabajo estupendas con las que me encanta charlar y reir, algunos amigos que siguen cerca pasen los años que pasen. Y en definitiva, una persona que conocí a través de este blog hace ya tiempo, y con la que TODO es absolutamente diferente a lo vivido anteriormente. Porque todo este proceso ha culminado en encontrar a alguien que, simple y llanamente, es como yo, me acepta, me comprende y comparte mis ideas. Y no deseo otra cosa que vivir con él todas las horas de todos los días de todos los años venideros.

Recontrucción terminada. Ya estoy lista.

Lo dicho, hasta pronto, nos vemos en la vida, y... si alguien quiere seguir comunicándose con mi humilde persona, en mi perfil está un email. Quizá vuelva a escribir, o de vez en cuando visite vuestros blogs. Es más, puede que comience otro.

Muchos besos y gracias a todos por haber compartido este camino.

El chico que quería "algo serio" y estaba de rebajas

Recuerdo una historia curiosa que me pasó hace tiempo y que me hace pensar que está claro que somos nosotros mismos los que nos complicamos la vida de una manera extrañamente exagerada, cuando las cosas suelen ser más sencillas y, sobre todo, lógicas.

Conocí una noche a un amigo de un amigo, conversación trivial y de dos minutos a lo sumo, incluída. Luego supe que yo le gustaba, pero "no era el momento". Pasaron varios meses en los que me lo encontré 3 o 4 veces. De esas 3 o 4 veces creo que sólo me saludó una de ellas. Ah, pues bien.

Al cabo del tiempo me empezó a bombardear a sms con motivos varios, desde "tienes Facebook" a "qué tal el verano". Yo no entendía nada, pero la cosa es que un día quedé con él a tomar algo. Al poco rato me di cuenta de que me estaba aburriendo en exceso, no había ni comunicación ni interés ni ganas por mi parte. Un desastre. De estas veces que te interesa más ver si la que acaba de entrar lleva las botas del Zara o del Springfield que tenía pensado comprarme.

También me di cuenta de que era una persona que no paraba de hablar de sí mismo y de las cosas que le pasaban. Ni siquiera me había preguntado dónde vivía. Vamos, del otro sabíamos el nombre y poco más.

Pues estupendo. Yo tampoco pretendía ser su amiga, ni me interesaba su persona lo más mínimo. Asíque me hayaba esperando el momento de decir claramente a dónde nos iban a llevar las horas y los bares, cuando el susodicho se me lanzó al cuello cual chacal.

- ¿Por qué me besas?
- Porque eres atractiva
- Ah, vale.

La la la.

Silencio.

- Voy al baño.

Empecé a sentirme bastante incómoda pues esa situación no me estaba gustando. A raíz del "ataque" comenzó a hablar de sus amigos, de su madre... Me fui a casa. No le di más importancia al asunto, puesto que no la tenía. A estas alturas de mi vida creía reconocer cuando dos personas tenían feeling o un mínimo de entendimiento. Pensé que él también puesto que me sobrepasaba unos 9 años.

Pasaron los días y las semanas. Él me hablaba por el MSN de trivialidades como películas, series, etc. En la misma línea. Bien, -todo ha pasado, Rosa-, pensé.

Nos encontramos al cabo de dos findes. Él estaba con amigos/amigas. Me los presentó. Una chica muy simpática se quedó hablando conmigo y me dijo:

- ¡Tenía ganas de conocerte!
- A mí? por qué?
- Ah, porque Fulanito nos ha hablado mucho de ti
- ¿Qué os ha dicho?
- No nada, pues que estaba con una chica

Mi cara debió de ser propia de un cuadro de Munch.


- Voy al baño.

Di la espantada a otro bar con la excusa de que estaba otro amigo por ahí. Pude huir a casa sin volver a encontrármelos. Durante esa semana, volvió a hablarme por el MSN, y comencé a percibir que realmente detrás de agunas cosas que me decía se podría esconder la posibilidad de que él pensara que éramos "algo". -¿Por un beso?, no hombre no... habrá sido un malentendido-. Ilusa.

Total, que lo volví a ver al finde siguiente. Y dado que no me lo quitaba de encima ni a sol ni a sombra, me vi en la obligación (tras un par de Vodkas bien cargados), de dejar las cosas claras (me sentí súper creída diciendo estas cosas tan obvias, pero en fin, al final tenía que haberlo dicho desde el principio) y de tener una de las conversaciones más subrrealistas de mi vida:

- Oye, mira, que te agradezco tu simpatía y demás, pero hay algo que me da a pensar, siento si me equivoco, que quieres algo conmigo, algo "serio", seguramente me equivoque pero vaya, quería dejarlo claro

- ¿Ocurre algo?

- Cómo que si ocurre algo, pues lo que te he dicho...

- Pero qué quieres decir...

Empezó a poner cara de compulgido al estilo "OH DIOS MÍO, OTRA VEZ UNA MUJER ME ROMPE EL CORAZÓN, PERRAS JUDÍAS"

- Pues que parece que quieres algo serio, que buscas una pareja, cosa estupenda, pero que obviamente ni soy yo, ni lo he sido ni lo seré, porque nosotros no tenemos nada

- Pues claro que quiero algo serio, yo tengo ya un edad, ¿no me ves?

- Oye, que a mí me da igual lo que tú quieras, y tu edad. Te hablo de lo que yo siento y veo, que supongo que requerirás saberlo para que no haya malos entendidos

Se va cabreando y aumentando el tono de voz, cosa que me crispa. Y alrededor los del bar hacían una conga. Lo que yo te diga, subrealista.

- Siempre estáis igual las tías. ¿Entonces si no quieres nada conmigo para qué quedas conmigo?

- Pues no sé, a veces quedo con chicos porque tengo apetencias sexuales que mi autosuficiencia no llega a satisfacer. Otras veces, quedo para pasar el rato. Depende.

- Pues conmigo no tienes nada que hacer, yo busco algo serio.

- ALGO serio? qué es ALGO, una cabra, un caballo...? Genial, la vida debería ser seria, y las relaciones humanas deberían tomarse en serio. ¿Pero no crees que en vez de buscar algo serio, primero deberías de conocer a diferentes personas, sentir, quizá enamorarte y después querer algo serio con aquella persona que crees que tiene algo que aportarte y que por supuesto te corresponde? Vamos, digo yo que es la secuencia lógica, porque de mí, qué sabes, ¿mi nombre y mi Messenger?

- Mira déjalo. Que lo he pillado. Sé cuando alguien dice "hasta aquí hemos llegado" (!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!).

Y se fue dando un portazo. Yo me quedo pensando si soy demasiado fría, si no entiendo a la gente o la entiendo demasiado. Por supuesto, quedé fatal con gente que a saber por qué nos veía como una "pareja" (de 3 noches, y sin sexo claro, eso debía ser después del matrimonio...). Y encima otros pensarán que tiene el honor de ser mi ex. Hay que joderse.

A veces me dicen que las cosas no salen bien porque no sé jugar a LAS REGLAS del juego. Sí, esas reglas que quizá están redactadas en manuales de bolsillo a 6 € que dirán cosas como "hazte la difícil" o "no exliques claramente tus intenciones", así conseguirás no un novio, sino un marido.

Reflexioné sobre ello en mi interior y la única respuesta fue: si a una persona le gusto y él me gusta no hubiese habido necesidad de llevar a cabo ni pensar regla alguna, ni estrategias ni comportamientos, ni "esta chica hace esto porque quiere esto". Por la simple razón de que las reglas que uno se autoimpone se moldean al crecer, a partir de las experiencias, de los aciertos y, mucho más, de los errores. Y por último, las reglas están para romperse. Aunque arriesgado, ahí está lo divertido.

Supongo que habrá más en el mundo (o no :P), pero por suerte sé que al menos sí que hay alguien en este mundo con el que no he necesitado callarme nada que pienso, y oye, da la casualidad de que nos hemos encontrado. Vivir con alguien con quien no tienes necesidad de hacer ni decir nada por compromiso y ante quien no tienes que callarte las cosas ni decirlas de este modo o de este otro para no discutir... es un lujazo. En el fondo, sé que tengo mucha suerte.

Ciao :)

Desde fuera del rebaño, y con miedo a los automátas



Perdón por la tardanza en escribir y por la ausencia continuada en vuestros blogs, por el mundo virtual y por el mundo físico (si perteneces a él y lees esto, no he muerto [aunque no hayas hecho mucho por saberlo:)]). I love you all XD

Ahora resulta que, como me gusta ir a contracorriente, tengo dos trabajos, en distritos diferentes y con miles de demandas distintas. Vamos, todo un estrés.

Y tengo miedo, la verdad. Estoy acojonada cuando vislumbro que así puede ser mi vida y mi futuro. ¿De qué tengo miedo? Pues fácil. Tengo miedo de acomodarme a una rutina impuesta por lo que yo me he automarcado. De ser una triste "hormiguita" más entre los cientos de personas que corren, literalmente y sin necesidad, cada día para coger el metro, empujar y sentarse los primeros. De ser como aquella treinteañera que va cada día con el "tupper" lleno de mierda que le marca comer la dieta del Naturhouse y que por las noches antes de acostarse debe echarse la hidratante y la anticelulitis. De levantarte cada día cansada y sin ganas, desayunar lo mismo a la misma hora, coger el mismo autobús, donde se suben esa panda de chavales malcriados que tiran cosas al suelo o aquella señora que viene del mercadillo cargada de naranjas desde hace 20 años.

Y no, por suerte o por desgracia, no he tenido elección. Necesito el dinero para vivir, como lo he necesitado toda mi vida. Creo que cualquier oportunidad es buena y se debe aprovechar. Pero a veces me pregunto que a qué precio. Reconozco haber pasado buena parte de mi vida viviendo para trabajar, en vez de trabajando para vivir, y viendo el dinero casi como un fin más que como un medio.

Primero quería pagarme la carrera, luego el coche... y así se fueron pasando los años, pensando que llegaría el momento de disfrutar un poco de la vida, y no, ahora los días son grises, lluviosos, y no sólo en el exterior.

Y mientras tu trabajas y llegas a casa a veces medio llorando, ves como otras personas se pasan la vida planeando conciertos, viajes y proyectos varios aún estando en el paro, puesto que tienen unos estupendos padres que les costean todos sus caprichos. Y la envidia sana a veces pasa al odio más profundo.

Sí, quizá culpa mía en parte, pero el tomar decisiones según tus prioridades tiene unas consecuencias, y creo que yo las estoy empezando a pagar, puesto que mi mente me está mandando ciertas señales de un "basta" sutil.

Pero bueno, analizada la cuestión, y sabiendo que en estos momentos por cuestiones que no vienen al caso, estoy atada de pies y manos y no tengo más remedio que currar y currar, me he propuesto sin conseguirlo hacer del día a día horas con pequeños detalles que me permitan alejarme de esa muchedumbre gris que se cruza conmigo cada mañana.

Tengo la música, tengo los libros. Varios días a la semana voy a comer a un lugar diferente. Pero claro, la gente te mira raro porque no entiende que hace un portento de mujer como yo sola en la barra de un bar, jeje. No me gusta comer con las compañeras, hablan de novios, maridos, hijos, y yo no sé qué decir. Pero si te ausentas o prefieres hacer las cosas solas, eres rara y antipática.

Total, que el miedo se resume a ser víctima de ese "determinismo social", que te hace dejarte llevar por la corriente de la rutina que supuestamente te permite sobrevivir. Y pasa el tiempo, y es probable que dejes de disfrutar tanto de las cosas que te hacían vibrar, como la música al máximo volumen, salir hasta las 7 de la mañana o escribir un blog :)


Lo peor de todo esto es observar como cuando ya no puedes ser la compañera ideal de fiestas y de juergas, la amante de las noches de verano (jajaja), y aguantar hasta las mil porque tienes otras prioridades y proyectos, y no sirve que puedas dedicar un rato de la tarde a los amigos, o un día concreto, etc etc pasas a ser menos que un cero a la izquierda. Pero bueno, como yo lo de mover el culo por la gente que no se lo merece no es que sea un afición, precisamente, pues nada, a verlas pasar. Yo estaré la mayor parte de mi tiempo sola, físicamente, pero al menos soy consciente de mi soledad, la admito y la tolero.

Os digo una cosa...

Quizás porque siempre he sido una individualista, quizás, porque extrañada y compasiva miro los individuos convertidos en masa, que pasan a mi lado. Quizás porque nunca podré formar parte de ellos, hoy critico la falta de individualismo.
Rebaños de personajes, que hacen desaparecer a la persona en cuestión, en contacto con la muchedumbre, que parece defender al individuo al diluir su responsabilidad personal entre mil cabezas, o al convertir su pecado, su error en un pecado y en un error anónimo.

Por esta razón se busca al grupo de compañeros que piensen como autómatas, que igualen nuestros pensamientos, que calmen así nuestras cobardías. Anestesiamos nuestra conciencia mediante la decisión ajena, que se torna conjunta (la opinión si es mayoría es imperiosa).

Pero después, en la soledad de la noche, acompañados tan solo por si mismos, sentirán la íntima punzada de la soledad, del vacío, comprenderán que delegando su personalidad a la masa, tan sólo conllevará hacerlo, una miserable compensación de la ausencia de ese amor hacía si mismos con el que tantas veces sueñan y no logran alcanzar..

Lo siento por vosotros, rebañito, ciao.

Es difícil tratar con las personas

Es difícil tratar con las personas. O al menos a mí me lo parece. Tampoco creo que sea fácil tratar conmigo, aunque yo intento, salvo razones de peso que lo desaconsejen (veáse un emo, un hippi, un fan de Manowar o un vendedor de la Fnac), facilitar las conversaciones y las interacciones diarias, sobre todo si éstas son obligatorias (que en la mayoría de los casos lo son; sino, todo sería más sencillo).

En el bello y progresivo arte de autoanalizarse a una misma, descubro cosas en mi forma de ser que tampoco tienen una coherencia y explicación racionales. Aunque a fin de cuentas, qué muermo aquél o aquella que no tenga fallos y piezas en su puzzle vital que no encajen.

La vida y las circuntancias te obligan a un constante cambio de máscaras, de roles, a una adaptación cíclica a situaciones que en tu fuero interno no deseas otra cosa que evitar. Enfrentarte a ello te va enseñando. Aprendes a tener más paciencia, más asertividad y/o más empatía con las personas que así lo requieren.

Trámites, papeleo, reuniones, el trabajo diario, las amistades, la familia... me encuentro extasiada de tanta socialización últimamente. A veces, te juntas con gente y en circunstancias que te lo ponen todo muy fácil (cuando la superficilidad reina): un fin de semana, una noche de rock'n roll, una cena, una visita, una charla informal, etc. En ese punto concreto podría sentirme la persona más integrada en mi red social del mundo. Otras veces, cuando tratas con desconocidos, con funcionarios frustrados, con comunistas que ya no follan (he tenido problemas con los sindicalistas, sin acritud), con jefas y compañeras menopáusicas, con gente que prefiere la hipocresía a la sinceridad.... Todo se vuelve oscuro. Y la misma persona, yo, que en aquellas primeras situaciones reía, asimilaba, transformaba y percibía todo a favor, se vuelve insignificante, débil, muda y disgustada. Me cuesta demasiado discutir, asumir fallos, asumir malos modos o el malestar ajeno. Y sé que en la mayoría de los casos debería importarme bien poco, pero no es así.

Y en el día a día doy importancia a situaciones y detalles que creo que para la mayoría pasan desapercibidos. A veces me siento un poco inadaptada y antisocial, sí.

Cuando por las mañanas sales de casa, cansada y ojerosa, y te topas con un vecino en el ascensor, hay dos opciones: saludar o no saludar. Si no se saluda, serás tachada de antipática y antisocial; si saludas, corres el riesgo de tener que hablar del tiempo durante esos interminables segundos. Lo peor de todo es que hay personas que dominan a la perfección estas microconversaciones y, encima, las buscan y disfrutan. Espero no ser la única que a veces ralentiza su paso cuando ve que acaba de entrar un vecino en el portal, o que se da prisa en cerrar la puerta del ascensor cual Alien Vs Predator, cuando ve que alguien está ya abriendo la puerta principal. Confesar y hacerme sentir mejor persona, gracias.

Libre del vecino microconversador, subimos al autobús/metro y ... ¡¡¡Oh Dios Mío, por qué me has abanadonado????!!!, divisamos entre el "público" a un conocido al que hace años que no vemos. Lo más probable es que te encuentres con alguien a quien no tienes ni putas ganas de ver, eso es una ley invariable en mi vida. Tengo mucha suerte. También hay dos opciones: pasar de largo mirando fijamente al infinito simulando estar despistados o mostrar nuestra mejor y más forzada sonrisa. Tras un "¡¡hombreee, cuánto tiempo, qué tal estás, qué es de tu vida??!!", la noche oscura invade nuestro cerebro: no hay escapatoria. El trayecto dura 30 minutos y nuestro querido acompañante se baja en la última parada. Qué casualidad, qué bien :) El sudor invade nuestra tez y difícil se hace articular más de dos palabras seguidas. Resumir cambios en tu vida durante los últimos años en una microconversación circunstancial y forzada a alguien a quien no le importa, difícil. Suerte es si nuestro amigo es de naturaleza habladora, pasaremos a ser un "homo monosilábicus". Yo lo prefiero así, que conste. "Ah, sí, vale..." y como mucho "ah, qué bien".

Al bajar quedamos en vernos un día de éstos.

Que te den.

Dos días después te invitan a una cena en casa de unos amigos. Qué bien - pienso, ilusa -. Mi gozo se cae en un pozo mohoso cuando llego y me doy cuenta de que no conozco prácticamente a nadie. Las dos opciones son: hacerme rápido con el ron o un barril de cerveza y esperar que Baco me inspire (suelo optar por ello), o pasar por la tortura mayor que una inadaptada y antisocial circunstancial como yo pueda imaginarse: saludar, sonreír como una gilipollas y pensar por qué somos incapaces de decir lo que todo el mundo espera que digamos en esas ocasiones, como por ejemplo "jo qué bien se está / qué ambiente / ¿no nos conocemos de algo? ".

A veces hay suerte y algún incontinente verbal nos coje por banda y se tira hablándonos de su apasionante mundo laboral durante 40 minutos. Y tú con torticulis de asentir y con dolor facial de tanto sonreir y abrir los ojos en expresión de sorpresa y supuesto agrado, acabas farfullando cosas como "No me digas... qué interesante". Pero para nuestro sorpresa, nos interrumpe al cabo de palabra y media y nos refiere una graciosísima anécdota que le sucedió cuando fue a practicar paint-ball con los compañeros de su oficina. No todo iban a ser ventajas... Al final, llegas a casa super borracha y temiendo que te inviten a una barbacoa un fin de semana de éstos... Lo mejor será actualizar tu listado de excusas.

Vale, nosotros, antisociales e inadaptados, reconocemos que somos bichos raros, ok. Pero hacemos una labor social que no se nos reconoce: nadie escuchar mejor que nosotros. Somos el paño de lágrimas de los pelmas verborreicos que nadie más aguanta. También hemos desarrollado capacidades ultrasensoriales que los demás ni sospechan: somos capaces de detectar la presencia de un conocido a cientos de metros de distancia, podemos subir por las escaleras de forma natural aunque vivamos en el décimo piso y sacamos el móvil del bolsillo más rápido que Billy el Niño cuando la sombra de algún pariente lejano se acerca amenazante por la desierta calle.

Coño, me acabo de dar cuenta de que soy imprescindible para esta sociedad. Paradójico.

Beneficios del desarraigo amoroso Parte II: LO MALO DE TENER NOVIO


Prosigamos.

Los hombres... causa (a veces) y solución (siempre), de todos mis problemas. Yo les quiero, pero ya era hora de darles un poquito de caña. Con cariño, of course.

Una afición bastante arraigada en el género masculino es el arte de la queja acompañado de la indecisión vital del "no saber lo que quiero". Respecto a nosotras, siempre se quejan de las mismas cosas. Nos toca por tanto ser las enamoradizas acosadoras móvil en mano, las de los cambios hormonales, las de las compras, etc etc.

Cuántas de nosotras no habremos oído frases típicas del tipo "qué te pasa qué tienes la regla o qué", "trae que ya aparco yo", "yo soy de rollos de una noche", "he estado pensando", "démonos un tiempo (=voy a probar con otra y cualquier cosa te llamo)", etc...

Estas criaturitas suelen pasarse el día rajando del noviazgo, de que ellos no desean relaciones estables y de lo "malas" que somos las mujeres en general, pero en el fondo aceptan (o saben) que desean tener novia, es más, buscan conseguirla. Al principio son como seres inalcanzables que vuelan libres cual águila por el cielo, que dirían los Maiden, y al cabo de unos meses no te los quitas de encima (también de modo literal, ejem), ni con agua caliente.

Vale, sí, tener novio tiene su aquél. Tienes quién te pague las copas, quién te acompañe a casa, quién oiga tus problemas con las amigas, quién espere la cola en las rebajas mientras tú te pruebas trapitos, a quién amoldar a tu gusto, a quién comprar jerséis de punto y camisas, a quién presentar a la gente que te rodea, etc etc. Verdaderamente, apasionante.

Pero a veces tener novio es una auténtica jodienda, e incluso a ese imposible novio perfecto - que algunas buscan y otras más sensatas, no - darían ganas de acuchillarle (mentalmente), cual escena de Psicosis. Viene bien recordar por qué.


Reconocélo: odias su ropa. Quizá no toda, pero sí en parte. Y coño, la ropa es nuestra amiga. Puedes pasar unos días con él, o irte de viaje, o vivir juntos. - Cariño, ¿te gustan las mariposas? ¿Nooo? ¿y los ositos azules? - Resulta que el calzoncillo de la mariposa amarilla que se posa en la zona del pene o el pijama de ositos lo compró porque era barato. O se lo compró su madre. Y te lo dice así, restándole importancia. Acabas descubriendo que odias los colorines, así como el polo de las mil quinientas puestas (¡pero si está nuevo!), o aquellas sandalias que parecen ya sacadas de la basura y que por la noche, desde el armario, te cantan "no te puedes deshacer de nosotras, estamos con él desde la Universidad" lalalalalalaaa

Sus amigotes. Ellos no tienen la culpa, pero tú tampoco. Llevarse bien no siempre es posible, y tampoco lo es crear una nueva y estupenda familia feliz. Además, lo normal es que al principio el tiempo-espacio quede reducido a los dos, y allá, frente a ti, y mirándote con cara de acusación, están ellos, en la cola de la oficina para reclamaciones de los "amigos abandonados". Declaramos a esa señorita culpable de quitarnos el tiempo que pasamos con nuestro amigo. ¿Cómo explicarles a esos amigotes que uno necesita un proceso de adaptación al nuevo hábitat?, ¿cómo les explica él que los está cambiando solo temporalmente por esos riquísimos besos eternos en la cama, revolcones contra todas las paredes habidas y por haber (o sobre la mesa del comedor, otros muebles también valen), confesiones a oscuras, en fin, todas esa lista infinita de “primeras veces” que uno disfruta cuando está con alguien nuevo? Pero tranquilos, chavales, cuando la mesa del comedor sea nuevamente solo eso, él volverá a llamaros. El eterno retorno. Porque claro, tonta serás si esperas que él tenga la suficiente madurez para ser claro y honesto con ambas partes y saber compaginar todo sin mentiras y medias verdades hacia ti.

Don Limpio Vs Sr. Barragán. Yo no sé qué ha pasado últimamente pero parece que en cuestiones de limpieza los hombres se han dividido en dos. O son los reyes de la higiene o la inmundicia andante. No hay término medio. Entrar en la vida de un maniático de la mopa supone aceptar las leyes de su cuadriculado entorno, en el que dejar un CD en el estante de los libros te resta gallifantes de por vida. A Don Limpio no le gusta que coman en su cama ni que beban cerveza en el sofá, no vaya a ser que lo manches. Descartado el reino de la pulcritud, tampoco es plan de arrojarme al lodo cual cerdo. Vale que se le escape algún "gas", vale que se pasen las camisetas algunos días sin lavar, pero el autocontrol a veces no es posible, y si una tarea de novia va a consistir en bajar la tapa del inodoro de por vida, sal por patas en cuanto puedas. Ni granjas ni palacios. Me gusta la casa limpia, pero con un poco de caos.

Su simpática madre. Nunca deberíamos permitir que las decisiones que tomemos en la vida se vean influenciadas por personas ajenas a ella. A veces, ella viene en el pack. Qué error, mejor sería a veces alistarse voluntariamente en la Guerra de Irak antes que soportar las comidas y reuniones con la familia política (programas cada Domingo desde el Lunes anterior), así como consejos y recomendaciones sobre la casa y demás. Cierto, por una parte la suegra te adora. A fin de cuentas, alguien tiene que cuidar de su niño. Pero ojo, ninguna mujer es suficiente para su bebito (y tú seguro que en el fondo eres otra guarra más). ¿Cómo que no sabes planchar, cómo que no sabes cocinar? ¿Éeeeeeeeeeel? ¿hacerse sus cosas????? Por Dios, qué barbaridades se me ocurren.

Sin duda, y ya en serio, lo peor de tener novio es que hay bastantes posibilidades de que te destrocen el corazón. Yo tenía de eso. ¿Y por qué? Simple y llanamente porque a ellos les cuesta bastante más tiempo enamorarse, y en ese proceso, en el que ya muchas de nosotras hemos avanzado unos km, ellos aún no han llegado ni a la "salida". Están tomándose unas cervecillas antes de comprar la entrada. Y es ahí cuando mentir y utilizar, así como desaparecer sin avisar, o babosear un poco para mendigar algo de sexo (mientras nosotras, como gilipollas, nos sentimos en el cuento de La Cenicienta), forma parte de un juego bastante cruel. Lo que para ellos es simple atracción física para ellas puede ser mucho más, dada la tendencia femenina a dotarlo todo de romanticismo. En fin, chicas, no os hagáis daño, no os creáis las palabras que se lleva el viento. Seréis más felices sin desengaños ;)

Cosas que me gustan de tener amantes en vez de novio

- Los amantes siempre están dispuestos a satisfacerte sexualmente. Te suelen tratar como a una reina (total, pa' un día...). El novio es capaz de tirarse un pedo delante de ti, o peor aún, dejarse los calcetines puestos. Y además, como tienes que dormir con él pues tienes que aguantar ronquidos. En el caso de los amantes es algo optativo a evitar.

- Cuando llevas mucho tiempo con un novio acabas por descuidar tu figura, vas menos a la peluquería y te depilas con menor frecuencia. Ellos suelen engordar y encuentran en el sillón su hábitat natural.

- Sin novio, puedo vestirme de putón verbenero con taconazos e ir a zorrear libremente sin necesidad de beber en demasía. Vamos, lo que les gusta a todas, pero sin problema :D

- Un amante no puede ponerte los cuernos, ni mentirte. Y puedes tener los que quieras cuando quieras. Pase lo que pase no te debe preocupar porque es una relación igualitaria. Un novio mentiroso (y ojo con las pequeñas mentiras, que me las conozco), es una lacra que acabará desquiciándote.

- Si un amante no te llama, ya te llamará otro. Si un novio no te llama, la has cagado. Acabarás llevándote el teléfono al cuarto de baño, y lo peor de todo, es que estarás preocupada por si le ha pasado algo. Y si ya no te lo coge...

- Sin novio, tengo tiempo de hacer caso a todos mis admiradores jajaja

- No pierdo tiempo viendo fútbol ni baloncesto en vez de estar en la calle o en un bar ligando.

- Puedo ver películas románticas y acabar a moco tendido sin que alguien al lado me diga: "¿Los puentes de Madison? Vaya gilipollez, pues no entiendo qué tiene de especial el argumento, Armagedon es mucho mejor.

- Los amantes siempre te dan conversación. Como los ves de vez en cuando, cuanto te interesa, pues siempre hay cosas que contar. Siempre es un eterno inicio, por lo que la sorpresa y la diversión, si sabes elegir medianamente tu compañía, está asegurada.

- Nadie me mete prisa para arreglarme, ni tengo yo que estar esperando nada: que si te van a llamar a tal hora, que si a tal hora te paso a buscar, que si a las 8 en el metro... JA.

Y lo que más me gusta es que no discuto con nadie, ni lloro por nadie.


Saludos a todos/as, y que haya paz, jeje.



Beneficios del desarraigo amoroso Parte I: LO BUENO DE NO TENER NOVIA

El "amor", la supuesta quintaesencia de la vida. Seguro que lo es, pero dudo que podamos hablar de amor en todos los casos, todo el tiempo. Sin amor, o sin su encarnación en un ser humano llamado "mi amor", que nos aporte comodidad y estabilidad, nos autocondenamos a ser una triste y aburrida media naranja a punto de pudrirse, seres incompletos, vacíos. Nos convertimos así en bichos raros en una sociedad en la que el emparejamiento funciona como un salvavidas social y sexual, como un flotador emocional que nos salvará del pantano venenoso de... ¡Oh, por Dios! la soledad. Hay que enamorarse ya, si no, no somos nada.

El tener novio es percibido siempre como un pro más que como un contra. Estar con alguien es mejor que estar solo, ojo, para el exterior (y para los que no soportan estar solos). Una siempre recibe miradas de felicitación, palabras entusiasmadas y una bienvenida imaginaria al mundo feliz de las parejas, donde uno siempre es más feliz que en Disneylandia.

Igual que por supuesto admito que es más agradable tener "gente" con quien compartir tu afecto, tu cariño, tu amor, tu mundo; y que es algo que absolutamente todos como seres sociales necesitamos; también digo que no participo de la necesidad de amor, de la obligatoriedad de tener pareja por llegar a determinada edad o porque haya alguien que se fija en ti y que te ofrece una estabilidad. Cuando el amor y la afinidad no son reales ni se basan en un proyecto común al mismo nivel por ambas partes, en el respeto y en el compañerismo, tener novio/a se puede convertir en un verdadero infierno de formalismos y obligatoriedades.

Pensando en ello se me ha ocurrido enumerar todas las cosas positivas de no tener novio. Siempre con cariño y con humor, claro. Pero eso irá en la parte II de esta mini-sección de los solteros vocacionales. He hablado con algunos amigos y he reunido una pequeña lista de cosillas que le hacen a uno pensar: qué agusto vivo sin novia! Realmente no se trata de elegir la soledad como modo de vida, sino de aprovechar sus ventajas y no tener prisa por encontrar a la persona adecuada que te ayude a llevar una relación sana y sincera. Las prisas y el miedo a la soledad son los sumandos del fracaso.

10 Cosas que no tienes que hacer por no tener novia

1. No tienes que soportar enfados sin sentido porque se te ha olvidado llamarla para decirle qué tal estás, dónde estás, con quién estás, qué haces. Cómo es posible que un día se te haya olvidada llamarla, ¿qué escondes?¿ya no la quieres?¿no te has acordado de ella?

2. No tienes que esperar varias horas a que antes de salir se pruebe 3 o 4 trapitos, ni la pregunta ¿qué tal me queda? ni la frase ¡¡¡cómo que bien, me queda fatal, sé sincero y pon interés!!! Es más: no tienes que acompañarla a ir de compras. Yo por no pertenecer a esa fila de fusilamiento que son los hombres a la salida del Stradivarius pagaría dinero.

3. Puedes seguir vistiendo cómo te dé la gana, sin recibir regalos como camisas o sudaderas del Springfield que llevan implícito un "no me gusta cómo vistes y quiero que te arregles cuando vas conmigo por la calle" y un "ni se te ocurra ponerte esas zapatillas viejas otra vez". Y es más, no tienes por qué afeitarte constantemente.

4. No tienes que soportar sobrenombres que ni te decían los que se metían contigo en el colegio, tipo: gordito, pichoncín, nenito, cielito, cuchi, churri, bebé, amorcito, cariño, etc. Y, sobre todo, no tienes que pronunciar sus recíprocos.

5. No tienes que ver películas de Sandra Bullock ni de Jennifer Aniston ni de Ben Affleck.

6. No tienes que tratar de hacerte amigo de esa gente cuyos intereses simplemente no te interesan, a los que tu novia llama amigos. Y menos a su mejor amiga, que lleva años con novio, y a su amigo gay, gente que en el fondo te odia y piensa que no le convienes puesto que son las personas que la consuelan cuando les cuenta lo poco sensible y romántico que eres.

7. Puedes pasarte el fin de semana jugando a la Play, gastarte tu dinero en discos en vez de en ropa y cenas, beber hasta reventar sin miedo a pensar en qué excusas pondrás mañana, salir con tus amigos, ver 5 partidos de fútbol seguidos y tontear con aquella que te daba bola cuando estabas emparejado.

8. No tienes que hacerte pasar por un romántico empedernido regalando flores y colonias, y escribiendo cosas bonitas en el Messenger/Facebook para que lo lean ella y sus amigas, cuando realmente eres el rey del porno (frito).

9. No tienes que conocer a su familia ni aguantar inoportunas frases del tipo "qué planes tenéis", mientras ella te mira embelesada esperando tu contestación.

10. No tienes por qué rechazar polvos esporádicos que se te presentan en los momentos más inoportunos, ni tener la tentación de ser infiel.

Frases que nunca escucharás si no tienes novia

- ¿¿En qué piensas?? Y no me digas que en nada, seguro que estabas pensando en algo.

- Encima tengo que soportar a tus amigos.

- Cómo que ya has hecho planes... ¿qué es más importante: tus amigos o yo?

- ¿Con quién hablabas? ¿quién te llamó? ¿quién es? ¿de dónde? ¿de qué la conoces?

- Cómo que qué me pasa. No me pasa NADA, eso me pasa... NA-DA. Déjalo.

- ¿Cómo que no recuerdas qué día es hoy???????????

- Tienes tiempo para todo menos para mí.

- ¿Pero qué le ves de interesante al fútbol? ¿No hay otra cosa que ver? ¿Por qué todos corren detrás de la pelota? ¿Y quienes son los de verde? ¿Y los de rojo? ¿Y por qué fue penal?...

- Por qué no me llamaste, dónde estás.

- ¿Es que acaso estás pensando en sexo toda la noche? ¿por qué no conversamos un poco?

Hasta la próxima entrada: EL CINE IRANÍ, digo... "Lo malo de tener novio" :D